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Los valencianos soportan diariamente el
doble de decibelios de lo que se considera
saludable
Rafel Montaner, Valencia
Los
vecinos de Valencia y su área metropolitana soportan en
su quehacer cotidiano niveles de ruido diarios que
doblan los umbrales máximos de entre 65 y 70 decibelios
(dBA) recomendados por los organismos internacionales.
Un estudio realizado por el catedrático jubilado de
Física Aplicada de la Universitat de Valencia, Amando
García, sobre 48 habitantes de Valencia y de municipios
de su entorno revela que el nivel medio de contaminación
acústica que padecen es de 72,8 dBA al día.
El
profesor, que es también vicepresidente de la Sociedad
Española de Acústica (SEA), explica que el pasar de los
70 dBA a los casi 73 medidos «no es una subida pequeña,
sino el doble porque los decibelios aumentan en una
escala logarítmica, que se ajusta más a la respuesta del
oído humano». En esta escala, una diferencia de 10 dBA
significa que el nivel de sonido ha aumentado 10 veces.
La Organización Mundial de la Salud (OMS)
considera que valores de exposición global diaria al
ruido ambiental por encima de entre los 65 y 70 dBA
tienen efectos perjudiciales sobre la salud, y la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE) señala que existe contaminación
acústica cuando se superan los 65 dBA como nivel sonoro
continuo equivalente en 24 horas.
Víctimas de la
socioacusia
El ruido, continua García, es
«energía, energía acústica y por lo tanto recibir el
doble de energía de lo recomendado, a larga, va a tener
efectos sobre nuestra salud». El primero, y más evidente
según el investigador, «es la socioacusia o pérdida de
capacidad auditiva debido al entorno social, que se
detecta a edades cada vez más tempranas».
Así,
este experto destaca que los «hábitos de vida de los
jóvenes, como conducir motocicletas o escuchar música
con auriculares, y la frecuencia con que asisten a
lugares ruidosos (discotecas, pubs…) hacen que reciban
más dosis de energía acústica y por lo tanto castiguen
durante más tiempo su oído».
La mayor
sobreexposición de los jóvenes a niveles altos de ruido
«hace que no sea extraño encontrar a chicos de 25 años
de edad con una capacidad auditiva comparable a una
persona de 70 años», concluye.
El objetivo del
estudio realizado por García era medir los niveles
sonoros a los que está expuesta una persona a lo largo
del día. Para ello García ha tenido en cuenta un total
de 5.640 datos obtenidos de 48 personas que se prestaron
a llevar en el bolsillo o en el cinturón un dosímetro o
instrumento para medir el ruido ambiental.
Los
participantes en la investigación [estudiantes,
profesores, trabajadores industriales, administrativos,
amas de casa…] anotaron, desde el momento que se
levantaron hasta que se acostaron, las dosis de ruido
recibidas hora a hora, junto con una breve descripción
de la actividad que desarrollaban. Estas anotaciones han
permitido establecer los niveles sonoros medios que
caracterizan a un gran número de actividades cotidianas.
García destaca que la exposición diaria al ruido
ambiental de una persona «está fuertemente condicionada
por el eventual impacto de niveles sonoros elevados,
aunque se esté sometido a ellos durante un tiempo
relativamente corto». Así, relata que la permanencia
durante 15 minutos en una ruidosa cafetería aporta mucho
más a la media diaria que 14 horas durante la
tarde-noche en el entorno de un hogar silencioso.
Otro ejemplo atronador, y nunca mejor dicho, es
el de las mascletades de Fallas. García argumenta que
sólo «diez minutos de «mascletà» en la Plaza del
Ayuntamiento de Valencia, con niveles sonoros de 110 ó
120 y excepcionalmente 130 decibelios, equivalen a la
dosis de ruido que se recibe en una semana de vida
normal».
A parte de la citada sordera precoz, el
exceso de ruido influye también en los transtornos del
sueño y por encima de exposiciones de 80 dBA aumenta el
riesgo de infarto y accidentes cardiovasculares al
elevar la presión arterial. «Aunque sea arriesgado
decirlo, también hay investigaciones que apuntan que los
niveles altos de ruido elevan la tasa de criminalidad»,
añade.
El trabajo de García, publicado en el
último número de la revista de la SEA bajo el título La
exposición cotidiana al ruido ambiental se puede
consultar en la red
(http://www.ia.csic.es/sea/revista/VOL35-34/05.pdf).
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