Un equipo español sienta las bases de un sistema para burlar el sonido

 

Viernes, 23/5/2008, 19:36
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FÍSICA Invisibilidad acústica

Un equipo español sienta las bases de un sistema para burlar el sonido

IGNACIO ZAFRA – Valencia – 21/05/2008

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El sonido y la luz son ondas. Y los cuerpos sólidos interrumpen o
distorsionan su paso. Pero ese efecto puede evitarse, y eso es lo que han
conseguido José Sánchez-Dehesa y su equipo de investigadores en lo que parece un
avance clave hacia la indetectabilidad acústica (lo que se ha dado en llamar
invisibilidad acústica).

      La noticia en otros webs

      Un submarino ‘protegido’ sería indetectable por los sónares

      El aislamiento también impediría que el ruido saliera de un recinto

      Sánchez-Dehesa empezó buscando algo mucho menos fabuloso: la forma de atenuar
      el ruido de las carreteras. De aquella época, mediados de los años noventa,
      data, sin embargo, uno de los ejes fundamentales de sus últimos descubrimientos,
      la utilización de estructuras de cilindros como método de ocultar espacios al
      sonido.

      De forma simplificada, lo que acaban de publicar los científicos del Grupo de
      Fenómenos Ondulatorios de la Universidad Politécnica de Valencia es que si un
      área se cerca con un conglomerado de cilindros adecuadamente diseñados, el
      sonido no chocará con ella (lo que produciría ecos a un lado del objeto, y zonas
      de sombra acústica en el lado opuesto), sino que lo rodeará y seguirá su camino
      exactamente en la misma dirección que tenía antes de alcanzarlo.

      Los resultados de la investigación, que corre en paralelo a las que realizan
      otros grupos en el Imperial College de Londres y en la Duke University (EE UU),
      generaron rápidamente un debate sobre sus posibles aplicaciones, algunas
      bastante lógicas, otras no sugeridas por los científicos. Se apuntó hacia la
      tecnología militar (la aparición de una nueva familia de submarinos
      indetectables para un sonar), el guiado de ondas sonoras (que simplificaría, por
      ejemplo, la práctica de las ecografías, eliminando el engorroso gel), e incluso
      el descanso perfecto: se acabó lo de soportar el volumen del televisor del
      vecino o el jaleo en el bar de debajo de casa.

      Pero incluso si fuera viable técnica y económicamente, advierten los
      investigadores, aplicar el sistema a las viviendas generaría otra clase de
      problemas: el sonido no podría entrar, pero también le costaría salir, lo que
      provocaría reverberaciones interiores (ecos) difíciles de tolerar sin
      inversiones adicionales en materiales que absorbieran el sonido.

      Sentado en su despacho, junto a dos hileras de cilindros que a simple vista
      no tienen nada de especial, Sánchez-Dehesa, acompañado por Daniel Torrent, cuya
      tesis doctoral se centra en esta línea de investigación, pone las expectativas
      en su lugar: «Todo esto es hasta ahora esencialmente un resultado matemático,
      una propuesta teórica que todavía tenemos que hacer realidad».

      Las bases teóricas de la ocultación acústica están directamente relacionadas
      con el manto de invisibilidad demostrado experimentalmente por investigadores
      estadounidenses y británicos, que fue elegido por la revista Science como
      uno de los 10 mejores trabajos científicos de 2006, y que funcionaba sólo para
      microondas, no frente a la luz visible. «Poco después de conocerse, y debido a
      las correspondencias que hay entre óptica y acústica, puesto que las ecuaciones
      que verifican las ondas respectivas no son tan diferentes, ya se propuso
      trasladarlo al campo del sonido», señala Sánchez-Dehesa. De esa conexión nació
      la expresión «invisibilidad acústica», que el científico español prefiere llamar
      «indetectabilidad acústica».

      Tampoco el sistema de ocultación del sonido serviría para cualquier tipo de
      onda. Teóricamente, el manto funcionará cuando la longitud de onda sonora sea
      mayor que la distancia que hay entre los cilindros. En este caso, la red de
      cilindros formará un sistema uniforme con un comportamiento inusual del sonido,
      que viajaría en su interior con una velocidad dependiente de su dirección, una
      cualidad física conocida como anisotropía.

      Sánchez-Dehesa, Torrent y Francisco Cervera descubrieron (y lo publicaron en
      las revistas Physical Review Letters, Physical Review y New Journal of
      Physics)
      que para crear el sistema no hacía falta colocar un gran número de
      cilindros. Llegaron más tarde a la conclusión de que aunque los materiales
      necesarios para fabricar el manto debían ser especiales, sus rasgos eran menos
      excepcionales de lo que habían previsto, y podían ser obtenidos mediante
      combinaciones apropiadas de cilindros elásticos.

      Y, finalmente, que la capa de indetectabilidad podría ser tan pequeña, en
      teoría, como se quiera.

      Si el desarrollo tecnológico permite microestructurar un material de un
      milímetro, señalan, la coraza podrá ser de un milímetro. «Lo cual abre la puerta
      a que el manto acabe siendo de verdad un manto», afirma, medio en serio medio en
      broma, Sánchez-Dehesa. El sistema de cilindros ha sido diseñado para funcionar
      en dos dimensiones. Pero la solución teórica para las tres dimensiones, que
      tiene una mayor complejidad matemática, ya ha sido diseñada: «Consistiría en
      poner esferas».

      El equipo del catedrático de Ingeniería Electrónica ha solicitado fondos para
      intentar llevar a la práctica su teoría. Los investigadores creen que con los
      medios necesarios podrían conseguir los primeros resultados en un año. Alcanzar
      uno ideal costará más. Pero eso, afirman, tampoco se ha conseguido con la
      invisibilidad óptica, lo que no le ha quitado trascendencia.

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