➤ Literatura acústica en castellano

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• En este espacio les presentamos una recopilación de buenos libros, en los que el ruido esta presente pero no como protagonista, sino como suele ocurrir siempre, como un invitado, indeseado o forzado...

• Pueden obtener más información en los enlaces de cada libro. (se abrirán en una nueva pestaña del navegador).

 


➤ Amando De Miguel, “Don Quijote en la España de la reina Letizia” (Stella Maris, 2016)


• •"Entramos en un bar para que don Alonso comprobara por sí mismo el milagro de la televisión. La pantalla estaba encendida, pero ninguno de los parroquianos la contemplaba. Algunos se hallaban ensimismados con los móviles, y otros simplemente conversaban a voz en grito. Esto último lo advirtió enseguida nuestro hidalgo: -¿Por qué hablan a gritos? ¿Es que están sordos o enojados? Parecen más bien alegres con sus libaciones. Son hombres y mujeres, y ellas no tienen aspecto de rameras. [...] -[...] Uno de estos días iremos a Toledo y luego a Madrid. Ya verá usted lo que es bullicio"

 

➤ Jenny Offill, “Departamento de especulaciones” (Libros del Asteroide, 2016)


• •"Hay un hombre que viaja por todo el mundo intentado encontrar lugares en los que uno pueda quedarse quieto y no escuchar sonido humano alguno. En su opinión es imposible sentirse tranquilo en las ciudades, ya que casi nunca podemos oír el canto de los pájaros. Nuestros oídos han ido evolucionando para ser nuestro sistema de alarma. Y en los lugares donde no cantan los pájaros nos ponemos en estado de máxima alerta. Vivir en una ciudad significa vivir acobardados para siempre. [...]”

 

➤ Lars Mytting, “El libro de la madera” (Alfaguara, 2016)


• “Para quienes viven en zonas urbanizadas, resulta muy conveniente la motosierra eléctrica, si tenemos en cuento a los vecinos el ruido que genera esta querídisima herramienta. Las motosierras accionadas por carburante pueden emitir 104 decibelios o más, y algunas tienen un tono muy penetrante. La motosierra eléctrica es menos potente que la de gasolina, pero emite considerablemente menos ruido, una especio de zumbido constante. Además arrancará y parará de inmediato –lo ideal para el corte-. Si no vives en el bosque, el ruido de una motosierra de gasolina puede resultar molesto e inquietante. Nada crea más conflictos entre vecinos que el derribo de árboles en las zonas residenciales, un sonido que se confunde fácilmente con el del corte de la leña. En algunas zonas noruegas, la ley estipula que las motosierras de gasolina no deben usarse entre el sábado por la tarde y el lunes por la mañana, de modo que una eléctrica es perfecta para cortar troncos en el jardín.” [...] “A lo mejor ahorraríamos algo de tiempo si utilizáramos una procesadora de leña –dice Liv Kristin-. Pero sería mucha maquinaria para el uso que podríamos darle, y además perderíamos el contacto manual con la leña. A nosotros nos gusta aprovechar utensilios sencillos, que no tratan con dureza la leña. Al tío de Peder le irritaban las herramientas que hacían ruido. Siempre que alguien hacía una nueva adquisición para el tracto, decía: “Mm, supongo que eso también hará un zumbido”. No es que fuera un tipo difícil o chapado a la antigua, sino que, igual que nosotros, apreciaba el silencio que encontraba en el trabajo manual.”

 


➤ Erri De Luca, “La natura expuesta” (Seix Barral, 2016)


• “Vuelvo a mi alojamiento. Todavía me quedan dos horas para hacer ruido con las herramientas, después debo parar, para no molestar a los vecinos. Después de los primeros golpes de cincel en el bloque, oigo la música de un acordeón. Alguien se ejercita en las proximidades. Dejo de golpear, la música me lo impide.”

 

➤ Bernardo Atxaga, “Días de Nevada" (Alfaguara, 2014)


•”[...] Oí decir en una ocasión a L. que durante la temporada que pasó en la cárcel todo le resultaba insoportable, pero que lo peor era el ruido: los golpes contra los barrotes, los pasos de los guardias, los gritos de los presos, las sirenas, los avisos de los altavoces, el silbato... Aquel día, en Alcatraz, lo único que se oía era el murmullo de los turistas. Un esnob habría dicho que no era mejor que los ruidos de la cárcel; pero sí, era muchísimo mejor."

 

➤ Max Aub, “La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco” (Cuadernos del Vigía, 2014)


• •"A las nueve y media se bajan las cortinas de fierro. A las diez, tras mojar dos panes de dulce en su café con leche, a dormir despaciosamente. Todo cambió a mediados de 1939: llegaron los refugiados españoles. Varió, ante todo, el tono: en general, antes, nadie alzaba la voz y la paciencia del cliente estaba a la medida del ritmo del servicio. Los refugiados, que llenan el café de la mañana a la noche, sin otro quehacer visible, atruenan: palmadas violentas para llamar al "camarero", psts, oigas estentóreos, protestas, gritos desaforados, inacabables discusiones en alta voz, reniegos, palabras inimaginables públicamente para oídos vernáculos. Nacho, de buenas a primeras, pensó en regresar a Guadalajara. Pudo más su afición al oficio, la cercanía de su alojamiento, la comodidad, el aprecio del patrón (feliz con el aumento consumicionero, que le permitió traspasar provechosamente el establecimiento a los tres años). El hondo resquemor del inesperado y furioso cambio no desapareció nunca. Sufrió el éxodo ajeno como un ejército de ocupación. (...) El ruido, las palmadas (indicadoras de una superioridad inexistente de mal gusto), la algarabía, la barahúnda, la estridencia de las consonantes, las palabrotas, la altisonancia heridora; días, semanas, meses, años, iguales a sí mismos; al parecer, sin remedio"

 


➤ Rafael Chirbes, “En la orilla" (Anagrama, 2013)


••"[...] La red de carreteras que cruza la zona soportaba un incesante tráfico de camiones que transportaban palmeras, olivos centenarios que apenas se acomodaban al hueco de las enormes macetas en que los trasladaban, o frondosos algarrobos. El aire se llenaba con el ruido metálico de los vehículos que acarreaban material de obra, contenedores para escombros, autocargantes, góndolas que trasladaban retroexcavadoras, hormigoneras. El conjunto transmitía sensación de activa colmena. En la soleada mañana de hoy, todo aparece tranquilo y solitario, ni una grúa rompe la línea del horizonte, ningún ruido metálico quiebra el aire, ningún zumbido, ningún martilleo agreden al oído. [...]"

 

➤ Antonio Muñoz Molina, “Todo lo que era sólido” (Seix Barral, 2013)


• “[...] Es triste que en un país la idea de fiesta incluya con tanta regularidad la ocupación vandálica de los espacios comunes, el ruido intolerable, las toneladas de basura, el maltrato a los animales, el desprecio agresivo por quienes no participan en el jolgorio: mucho más triste es que la autoridad democrática haya organizado y financiado esa barbarie, la haya vuelto respetable, incluso haya alentado la intolerancia hacia cualquier actitud crítica. Cualquier objeción es una injuria contra la comunidad entera. Y quién se atreverá a disentir desde dentro, a actuar como renegado o traidor y aceptar el ostracismo.”

 

➤ David Monteagudo, “EL edificio” (Acantilado, 2012)


••"[...] Lo cierto es que a mí me encantaba esa especie de “respetuosa anarquía” que se vivía en nuestra pequeña escalera. Es verdad que algunas veces, en determinadas épocas, se oyeron algunos gritos, o alguna música más alta de la cuenta, pero en general nuestro edificio resultaba sorprendentemente tranquilo y silencioso –a veces increíblemente silencioso para estar en medio de una ciudad de cuarenta mil habitantes-, especialmente desde los pisos como el mío, que dan a un patio interior, de aspecto más rural que ciudadano.”

 

➤ Mercedes Abad, "El vecino de abajo" (Alfaguara, 2007)


• "Las obras comenzaron a traición un lunes a las ocho en punto de la mañana. No hubo preludios ni oberturas, nada que hiciera presagiar lo que se avecinaba. ¿Habrían sido distintas las cosas de haber recibido antes un gentil aviso de que ya podía ir despidiéndome de la paz y el orden durante una temporada? Sea como fuere, el inicio de las obras me pilló en la cama, lamentablemente sola, pues ciertos tragos resultan más llevaderos si una está acompañada, pero desde mi divorcio los retozos en equipo brillaban por su ausencia. Acababa de abrir los ojos y como cada mañana trataba de hacer acopio de valor y energía para levantarme cuando, de repente, una serie de violentos martillazos que parecían salir justo de debajo de mi almohada hicieron retumbar de forma ominosa el suelo y las paredes y convirtieron en zona catastrófica el cálido y delicioso habitáculo donde segundos antes remoloneaba, voluptuosamente envuelta por el olor de mis propias ventosidades, en lo que sin duda supone la única ventaja objetiva de no dormir en compañía. Expulsada de la cama por los martillazos, me precipité a la ducha con el corazón en un puño y a tal velocidad que probablemente batí una marca personal."

 



 

El soroll aborrega, degrada. No és cultura.

"El soroll és un contaminant energètic que envaeix la nostra intimitat i lesiona la nostra salut física i mental".
La nostra societat pateix el mal del soroll. Una pandèmia que ens fa emmalaltir i a la que no se li presta massa atenció en els mitjans de comunicació. La contaminació atmosfèrica genera grans titulars, en canvi la contaminació acústica irònicament, és una tortura silenciosa. Gairebé no se'n parla enlloc, fins que ens toca de ben a prop.
A l'ACCCA lluitem contra aquesta pandèmia "silenciosa" i alhora fem pedagogia referent als greus problemes que comporta el soroll per a la salut de les persones.